Tipos de corrección

Terminaste de escribir tu texto. Pasaste varias horas frente a la computadora redactándolo y muchas más pensando en el objetivo, en la manera de encararlo, en su estructura, en la frase de inicio y en la de cierre… Pero ya está terminado, ahora podés mandarlo a su receptor (el jefe, el docente o el público, conforme a qué tipo de texto sea) y descansar.

Tengo una mala noticia: hace falta un paso más. Por más de que seas un avezado escritor y hayas revisado mil veces el texto, seguro que algo se te escapó. A todos nos pasa (de hecho, el libro que escribí lo corrigió mi amiga y colega Sol) porque, para quien escribe, es muy difícil detectar sus propios errores; pareciera que, de tanto pensarlo y repasarlo, de alguna manera «corrige» en su mente. La buena noticia es que para eso estamos los correctores.

Además de la corrección de pruebas que realizan las editoriales, existen otros tipos de corrección:

 

Corrección ortotipográfica

Es la más superficial y se recomienda para aquellos casos en los que el cliente necesita el texto urgente y no puede esperar una corrección integral.

Consiste en las siguientes acciones:

  • Corregir la ortografía y la puntuación.
  • Eliminar los espacios sobrantes.
  • Adecuar la extensión de las sangrías, el tamaño de los márgenes, la estructura de los párrafos, la disposición de los títulos y subtítulos, etc.
  • Ajustar a los manuales de estilo el uso de mayúsculas, comillas, negritas y cursiva, así como la grafía de los números y de las siglas.
  • Comprobar la fidelidad de las notas al pie y del índice.
  • Revisar la bibliografía.

 

Corrección de estilo

Es la más exhaustiva y, aunque su nombre parezca indicarlo, no modifica el estilo del autor. El corrector de estilo no reescribe el texto, sino que lo mejora para que cumpla su objetivo comunicativo de la mejor manera posible, es decir, que sea correcto, fluido, genuino, coherente y comprensible.

Trabaja con las siguientes dimensiones:

  • La notacional, que, además de corregir la ortotipografía, revisa el sistema fónico de la lengua y elimina, por ejemplo, redundancias y cacofonías.
  • La morfológica, que se ocupa de la lexicografía (barbarismos, neologismos, arcaísmos…), la concordancia (nominal o verbal), los regímenes preposicionales, el uso de gerundios, etc.
  • La sintáctica, que se refiere al orden de las palabras dentro de la oración.
  • La semántica, que elimina imprecisiones de vocabulario y aumenta la riqueza léxica.

 

La corrección de estilo es aconsejable; la ortotipográfica es fundamental para cualquier texto que vaya a ser publicado. ¿Por qué? Por varios motivos. Primero, porque un texto habla de su autor, de su compromiso con lo que escribió, de la atención que le puso… También porque un texto mal redactado puede conducir a malinterpretaciones. ¿Se acuerdan de cuando «Laje se ofreció como sicario»?

 

Pero, fundamentalmente, por respeto a quien lo lee. Si el objetivo es comunicar, lo ideal es hacerlo de la manera más clara, correcta y coherente posible. Para eso estamos los correctores, y nuestra ausencia se nota, de verdad.

Corregir es leer y releer, es buscar en manuales y diccionarios, es probar distintas maneras de decir lo mismo, es escuchar la musicalidad del texto y a veces es reescribir. También es que quede una errata y nos torturemos por días, aunque sea casi inevitable. Pero, en especial, corregir es la satisfacción de devolverle al cliente el texto que él escribió, con su contenido y su estilo, pero mejorado.

 

 


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